El sábado 14 de noviembre fue nuestra visita al Refugio
Animazul. Desde que me enteré de que esta vez iríamos a un refugio de perros
estaba emocionado porque era la primera vez que iríamos a un lugar no para
ayudar a personas, sino a animales.
Nuestro salón fue quien decidió organizar la salida a un
refugio de animales, lo que al principio a pesar de emocionarme me preocupaba
un poco. No me relaciono mucho con los animales, ni he tenido mascotas antes,
así que sentía que no sabría hacer mucho durante la visita. La organización
tampoco fue muy buena, ya que nos dimos cuenta que faltaban varias cosas y parecía
que cada uno las traía por su cuenta para sólo ser utilizadas por ellos, como
juguetes, pelotas y galletas para los perros. Felizmente durante la visita al
parecer todos se divirtieron y lograron interactuar aunque sea un poco con los
perros, lo que me hizo pensar que seguro volveríamos para alguna visita futura.
El proyecto Ciudad de Dios no es exclusivo para personas
Una de las cosas que más me confundió al elegir el lugar fue
que no era uno donde ayudaríamos a personas, sino a perros que no tenían hogar.
Hasta ese momento yo pensé que el proyecto Ciudad de Dios se dedicaba sólo a
ayudar a la gente necesitada, pero luego de investigar bien me enteré de que se
trataba de que los participantes en el voluntariado experimenten los
componentes del carisma agustino (Comunidad, Interioridad y Servicio) a través
de proyectos en lugares vulnerables. Eso era precisamente lo que hacemos al
visitar el refugio: vivimos estos valores organizando una actividad para ayudar
a unos animales que muchas veces son dejados de lado.
La actitud de las personas influye en el comportamiento de los animales
En el caso de nuestra visita, las diferentes actitudes que
teníamos alteraban un poco el comportamiento de los animales. Cuando llegamos
algunos compañeros estaban nerviosos y gritaban por la repentina aparición de
unos perros que corrían rápidamente por el lugar, y a medida que nosotros nos descontrolábamos
los perros también lo hacían. Es por eso que tuvimos que calmarnos y no hacer
un escándalo para no asustarlos ni alterarlos. Fue muy diferente cuando jugábamos
con ellos, los acariciábamos o les dábamos de comer, porque se ponían a ladrar
y a mover la cola. Esto significaba que estaban disfrutando nuestra compañía. A
partir de eso llegué a la conclusión de que el comportamiento que uno tiene ese
respondido de la misma manera por los animales, y es por eso que se debe pensar
bien lo que se hace con ellos alrededor.
Experiencias trabajadas en la visita:
1. Organiza Actividades: Aquí fue muy importante ya que era
la primera vez que decidíamos nosotros a qué lugar ir para la visita. Tuvimos
que investigar sobre lugares que necesitaran ayuda y pudimos llegar a un
acuerdo sobre ir al refugio de perros. Luego debíamos pensar en que materiales
necesitaríamos, que fecha iríamos, etc. El proceso fue largo pero lo importante
fue el hecho de que nosotros organizamos todo desde cero.
2. Se compromete y esfuerza: En mi caso, al no tener experiencia
con animales, me comprometí a aprender un poco más sobre cómo tratarlos y que
hacer para llamar su atención. Es por esto que les pedí ayuda a mis amigos que
tenían mascotas para que me enseñaran sobre cómo lidiar con animales, y me
esforcé por salir de mi zona de confort ya que no me gusta tener ningún
contacto con animales pero en la visita hice una excepción por los perros.
Evidencia Fotográfica:
Nº de palabras: 595
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